Wednesday, May 16, 2007





“EL ÁNGEL”

“...cuando un ejercito de Ángeles
se pasea por el cielo,
lo único que se ve son las alas,
que algunos llaman nubes...”
(Ruvalcaba E.)

Faltaba poco para el amanecer, y ella ya se encontraba ahí, sentada sobre un cómodo y enorme colchón blanco, intentando cepillar su enorme cabello negro y rizado. Mientras con una mano acariciaba su cabello, con la otra lo cepillaba; y mientras cepillaba su cabello, pensaba con cierta tranquilidad y preocupación a la vez. También, mientras se cepillaba el cabello y pensaba, observaba y disfrutaba el amanecer; le gustaba observar los distintos colores y tonos que el cielo dejaba ver, mientras el Sol se decidía a salir, y su vez le gustaba escuchar los sonidos de algunos animales que parecían anunciar el amanecer, el inicio de un nuevo día.

Ella se encontraba desnuda, con lo cual dejaba ver su piel, que era extraordinariamente blanca y muy suave; en ella se dejaban ver una gran variedad de estrellas negras por todo su cuerpo (comúnmente llamadas lunares, pero más que lunas son estrellas). Realmente su cuerpo parecía un enorme universo lleno de estrellas, las más sobresalientes y brillosas eran definitivamente sus ojos: cada uno era como dos enormes Soles que iluminaban y calentaban el resto de su cuerpo; pero en realidad era su corazón el que lo llenaba de calor y vitalidad. A su vez, cada zona, cada rincón, cada extremidad de su cuerpo, era como un planeta, misterioso e interesante, que invitaba a ser explorado; pero el planeta al que se le debía tener un cuidado y respeto especial, por ser altamente ardiente y místico, eran sus labios: gruesos y lubricados, muy sensuales y colorados; esa zona del cuerpo en el que muchas personas podrían perderse, pues después del contacto de un esperado beso, su vida podría cambiar radicalmente.

Asimismo, ella proyectaba una paz y tranquilidad que en la actualidad es difícil de encontrar; además se mostraba muy tierna, y cada uno de sus movimientos los hacia con mucha sutileza y cuidado.

Este era el panorama que se podía apreciar de ella por las mañanas: cepillando su enorme cabello negro y rizado, y pensando en sus actividades del diario, en cómo se sentía, en qué es lo que le gustaría hacer, en las personas a las cuales le gustaría conocer o al menos acercarse un poco a ellas; pero sabía que eso era imposible, ya que su trabajo se lo impedía, pero no se quejaba porque sabía que las cosas así tenían que ser, y había aprendido a disfrutarlo así.

De esta forma, había llegado el momento de partir, de hacer el trabajo que día con día desempeñaba desde hace bastantes tiempo; entonces se levanto del enorme colchón blanco y extendió sus enormes alas, así como el resto de su cuerpo. Era impresionante ver la extensión de sus alas como de su cabello, y como irradiaba vitalidad y ternura, así como dureza y firmeza. Así aquel Ángel se dirigía a cumplir su misión, a cuidar a aquellos seres terrenales que día con día, de una forma muy absurda, se lastimaban unos con otros; y a los cuales día con día, tenía que buscar la forma de darles una razón más para vivir y, porque no, para dejar vivir.




SR. AMARILLO.

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