Thursday, July 27, 2006

VAMPIRISMO Y SERIAL KILLERS

Ricardo Ham

Uno de los mitos más atractivos e interesantes en la historia de la imaginería fantástica ha sido el del vampirismo, mito rodeado de terror, erotismo, religiosidad, literatura, etcétera. Sin embargo, pese a todos estos elementos, el vampirismo es una simple leyenda inventada por el hombre durante la Edad Media y estilizada en la novela Drácula. Hoy en día la sociedad ha dejado de aterrarse con ese tipo de historias, ahora tiene un verdadero monstruo acechando sus hogares, se trata del Asesino en serie, un verdadero depredador que es capaz de matar sin miramientos a decenas de personas.


La galería de los asesinos seriales está compuesta por extrañísimos personajes, desde tipos que hacían adornos domésticos con restos humanos, hasta caníbales homosexuales, pasando por homicidas de tendencias vampíricas, fusionando con ello a los dos grandes depredadores humanos, el problema es que el serial vamp pudiera ser cualquiera de nosotros y no sólo un personaje novelesco más.

Históricamente la primera homicida con ideas sangrientas fue la Condesa Húngara Erzebeth Bathory, para decepción de muchos no ingería la sangre de sus víctimas sino que se bañaba con ella. Podría decirse que Erzebeth era tan normal como cualquier otra persona hasta que fue inducida al ocultismo por una de sus sirvientes de nombre Dorkó (existen versiones encontradas sobre el sexo de este personaje) y despertó en ella un sadismo increíble.


La condesa Bathory fue siempre una mujer de gran vanidad y extrema preocupación por mantener su belleza y repudiaba la idea de ver envejecer su piel. Se sabe que su primera victima mortal fue una sirvienta que jaló demasiado al peinarla y arrancó algunos de sus cabellos, la condesa furiosa golpeó el rostro de la sirvienta con tal fuerza que la hizo sangrar y parte de su sangre cayó en su mano, Elizabeth pensó en ese momento que la sangre había brindado mayor juventud a su piel y estaba convencida de que la fórmula para la juventud eterna estaba en la sangre. Al más puro estilo Cleopátrico, la condesa de Bathory se bañó en el líquido vital de sus doncellas, asegurando que su piel había rejuvenecido; Erzebeth encomendó a sus sirvientes que trajeran para ella chicas jóvenes que usaría para sus baños de sangre. La llamada Condesa Sangrienta inauguraba la relación entre las viejas leyendas europeas y el sadismo placentero de los seres humanos.

Los serial killers sienten una necesidad periódica de cometer asesinatos; son incapaces de abstenerse, muchos de ellos tienen motivaciones sexuales como en el caso de Ted Bundy o debido a desórdenes psicológicos como los atribuidos a Henry Lee Lucas, otros casos como el de Charles Manson carecen de una explicación lógica, pero sus atrocidades parecen cosas de niños si se les compara con los crímenes del alemán Peter Kürten quien anhelaba ser uno de los más grandes vampiros de todos los tiempos.


Kürten se ganó a pulso el apodo de "el vampiro de Dusseldorf" al ser hallado culpable de la muerte y tortura de 29 personas con las que practicaba el canibalismo y la necrofilia, se confesó responsable de rapto, tortura y asesinato, así como de beber la sangre de las víctimas lo que le producía una indoblegable excitación sexual. Kürten fue sentenciado a muerte en 1929 tras un rápido juicio en su ciudad natal, al escuchar el veredicto de pena capital, declaró: "después de que mi cabeza haya sido cortada, ¿será posible que tenga un instante para escuchar mi sangre brotando de mi barbilla?"


No menos inquietante resulta el caso del británico John Haigh, quien fue capturado y ejecutado por asesinar a 9 personas después de confesar haber ingerido su sangre, un vaso de cada una, a las que asesinaba y disolvía en ácido sulfúrico en el sótano del número 79 de la avenida Glocaster. El mismo Haigh confesaría lo siguiente antes de ser ejecutado: “No es posible, mis nueve delitos deben tener explicación en algún lugar fuera de nuestro mundo terreno. No es posible que sean absurdamente sólo el sueño de un demente lleno de rumores y de furia”.
El norteamericano Richard Chase tenía la fuerte convicción que la sangre que corría por su cuerpo estaba fatalmente contaminada, sentía la necesidad periódica de beber y bañarse con sangre ajena, sin importar el sexo o edad de su victima, lo único que a él le interesaba era empaparse de ella para continuar viviendo (se cree que alcanzó unos 10 homicidios). El caso del Vampiro de Sacramento es magistralmente narrado por Robert Ressler en el libro “Whoever fights monsters”, aquí un fragmento:


La noche del 23 de junio de 1978 la policía local informaba a Russ Vorpagel, que David Wallin había llegado a casa y encontrado a su esposa Terry, de 22 años y tres meses de embarazo, en la cama, muerta, con el abdomen abierto, tenía, dos disparos en el pecho, su suéter y sostén estaban en su torso y las pantaletas se sostenían en una pierna. Vorpagel llamó a Robert Ressler y le pidió que fuera a Sacramento para auxiliarlo en la cacería del asesino.

Ressier de inmediato acudió al forense a mirar el cuerpo de la víctima: se percató de que en una de las rodillas la piel fue arrancada y los ligamentos quitados o succionados, observó también que los intestinos habían sido cortados y quedaban solamente unos cuantos órganos. Ressler hizo una primera aproximación del perfil psicológico del agresor: hombre blanco de entre 25 y 27 años. Apariencia desaliñada. Podría vivir muy cerca del lugar del homicidio pues de otro modo los vecinos lo podrían haber visto manchado de sangre, además nadie escuchó un auto partir a gran velocidad; no ha tenido ningún tipo de relación sexual, vive solo o quizá con sus padres, desempleado, esquizofrénico.


Dos días después del homicidio de Terry, un hombre descubrió tres cuerpos en una Suburban, a sólo unas cuadras de donde ocurrió el primer asesinato; a los tres les habían arrancado los órganos y amputado las piernas, mismas que habían sido dejadas a un lado de las cabezas de los cadáveres, los cuerpos presentaban las mismas características que en el caso de Terry. Los periódicos publicaron el perfil hecho por Ressler. Una mujer llegó a la estación y declaró haber visto que alguien abandonó la camioneta.

De inmediato fueron tras el hombre, que vivía, efectivamente, a tres cuadras del lugar en que la camioneta fue encontrada. Su nombre: Richard Trenton Chase, de 25 años de edad, blanco, con sólo un año de secundaria. Vivía con su madre, la policía le descubrió una pisto la calibre 72 y ropa manchada de sangre.


Antes de asesinar a seis personasen enero de 1978, Richard se había inyectado sangre de conejo y tuvo que ser recluido en un hospital siquiátrico. Se quejó de que le robaron arterias pulmonares y que le habían introducido algo en la cabeza.

Serial vamps en el cine

Los casos de Peter Kürten y Richard Chase dieron origen a un par de películas, el primero es llevado a la pantalla por el cineasta Fritz Lang en la cinta “M” con Peter Lorre interpretando al sádico de Dusseldorf en 1931. “M” es considerada una de las grandes joyas y pieza más que representativa del expresionismo alemán. Por otra parte, el vampiro de Sacramento es retomado por el maestro del cine de horror William Friedkin en1987; en el filme se muestra a un demacradísimo Richard Chase introduciéndose en un suburbio Sacramento donde una anciana y su treintañera hija no imaginan el horror que están por vivir. Chase las apuñala una y otra vez hasta asegurarse de que sus cuerpos quedan sin vida para posteriormente bañarse con su sangre y extraer varios de sus órganos vitales y conservarlos en una asquerosa bolsa negra.


Otros casos sueltos:

En 1981 el norteamericano James Riva mató a su abuela con una escopeta para después beber su sangre, insistiendo en que era un vampiro. Jerry More, de Chicago, asesinó a su novia para beber su líquido vital y obtener mayor fuerza. Se conoce de un caso en Filadelfia (1991) donde se capturó a un joven de 28 años que mató de un mordisco en la yugular a su novia. Este hombre estaba en tratamiento médico debido a una rara enfermedad mental que derivaba en la hematofagia.

Kuno Hoffman (1972) confesó el asesinato de una pareja en el interior de un automóvil, sólo para beber la sangre de los infortunados amantes. Hoffman aceptó haber profanado varios cementerios para succionar la sangre de mujeres recién sepultadas.

En México se recuerda que a principios de 2004, en un pequeño pueblo michoacano se dio el caso de un hombre que asesinó de un machetazo en la cabeza a su padre para después beber su sangre y comer la masa encefálica que había quedado expuesta. Al ser cuestionado sobre los motivos para cometer tal crimen, el acusado declaró que su padre estaba bajo el embrujo de una sombra negra que habitaba en su cabeza y que lo asesinó de esa forma para poder extraerla y así salvar su alma.

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